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“Descabezad@s”

Observamos en la mayor parte de los movimientos sociales una carencia de perspectiva global a largo plazo, debida al  desarrollo exclusivo de luchas concretas. Ello favorece su caída en una línea específica, aquella de la vía institucional, que se convierte en la única vía de articulación posible a sus demandas.

Existe igualmente la carencia de una perspectiva histórica respecto a los movimientos sociales. En el momento en que no se marcan fases ni objetivos resulta muy difícil para quienes formamos parte de estos, darnos cuenta de cuáles han sido los éxitos y las etapas superadas; por lo tanto generalmente se entra en círculos viciosos en que las actuaciones y los errores se repiten, provocando en muchos casos que colapsen y haya que empezar de cero en la reconstrucción de dichos movimientos.

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Entendemos que para dotar a dichas luchas concretas de una perspectiva de transformación real, éstas deben poseer una visión global y marcar su propio programa, para evitar caer en el reformismo de ir siempre a pedir sus demandas al Estado, haciendo con ello, que estas demandas bajen a un denominador común mínimo para que sea el Estado quien las asume.

Esta perspectiva revolucionaria global llevaría a los movimientos a ver la conexión entre las diferentes luchas, como podrían ser el desempleo, la lucha contra los desahucios o contra la reforma de la ley del aborto; es necesario ver que de la misma manera en que las diferentes opresiones se relacionan entre sí y suman, toda lucha contra estas opresiones suma al desgaste de los distintos sistemas de opresión.

Esto también puede servir para contrarrestar el hecho de que al institucionalizar las luchas, éstas se priorizan, lo que hace que dichos movimientos sociales, al llegar a las instituciones, dejen de lado algunas de ellas debido a los límites de actuación que esta vía conlleva.

Pensamos que hemos construído movimientos sociales desde un carácter contestatario (siempre al ritmo de las medidas que marcan los distintos Estados/gobiernos), haciendo que el ritmo lo marque el enemigo (manifestándonos o montando campañas ante determinadas leyes o ante medidas repreivas, por ejemplo) no siendo capaces de elaborar nuestro propio programa de actuación que nos permita desarrollar un calendario en base a nuestras necesidades y exigencias.Sin título

El hecho de que los movimientos sociales no tengan estrategias propias favorece que vengan controlados y determinados desde el exterior. Así, hemos visto cómo a lo largo del pasado año 2014, un grupo de profesores e intelectuales de Madrid ha decidido que todos los movimientos sociales deben ponerse al servicio de un “asalto” institucional, de un programa electoral, y lo  consiguieran en cierta medida. Sin que este asalto haya surgido como un proceso de debate dentro de los propios movimientos sociales, sino como algo impuesto por la intelectualidad.

Ciudadanismos

La mercantilización de la política, totalmente influenciada por la importancia que en la sociedad actual cobran la estética y la comunicación, ha favorecido la aparición de “opciones” rápidas y “soluciones” fácilmente digeribles, pero carentes de un fondo realmente transformador.

Estas supuestas alternativas políticas no son tales ya que al actuar en el marco institucional, sistémico, a lo más que pueden aspirar es a una suerte de socio-liberalismo que no cambiaría en absoluto el modelo productivo, sino que simplemente pretendería hacerle mostrar su cara amable. Éste está siendo el caso de SYRIZA en el estado griego, y PODEMOS, más cerquita.

Dichas iniciativas provocan un vuelco hacia el “ciudadanismo”, lo cual puede plantear varias controversias:

La aparente unidad que el enfoque “ciudadanista” consigue se obtiene en base a la presunción de que ya somos todas, supuestamente, ciudadanas iguales, negando en muchos casos la importancia de las opresiones cotidianas existentes en pro de esa supuesta igualdad.ciudadanismo 1

El ciudadano asume que tiene una serie de derechos y deberes en este sistema. Estos derechos, unidos al individualismo exacerbado de la sociedad actual, desembocan en que la máxima y única preocupación posible sea el: “¿qué hay de lo mío?”. Enarbolando las banderas de la decencia y el sentido común como deberes, este sentimiento provoca que cada individuo ejerza la labor de policía con su propio ser y con el resto de personas a su alrededor, velando porque el orden y la convivencia no sean rotos.

Así, la vía ciudadanista resulta atractiva a amplias capas porque resulta neutra a la par que “buen-rollista”, sin ir más allá de la superficie, ya que por un lado, niega la necesidad de combatir la opresión mediante el conflicto abierto contra dichas opresiones y por otro, fomenta que esta transformación no sea llevada a cabo por las desposeídas mismas, sino que busca representantes que entren en las instituciones de la élite y por tanto, entren en el juego del sistema.

Crisis hecha política

  Entendemos que para conseguir sobrepasar el capitalismo, en primer lugar, hay que intentar comprender  en qué fase del mismo nos encontramos y qué forma particular está  adquiriendo en la actualidad, siendo ésta el neo-liberalismo o la crisis hecha política.

  Consideramos que toda forma de capitalismo presenta crisis cíclicas. Pero en el neo-liberalismo dichas crisis son asumidas y utilizadas para legitimar el sistema, que pretende mejorar con cada crisis, supuestamente avanzando.

  Sin embargo, el neo-liberalismo, como evolución lógica del capitalismo que toma la forma de un imperialismo globalizado, hace que las crisis financieras sean globales y cada vez de mayor amplitud. La solución presentada por el sistema a los problemas provocados por el mismo capitalismo consiste en más capitalismo, suponiendo ello una simple pero fatal huída hacia adelante.

crisis   Observamos que la población, de forma generalizada, ha interiorizado la concepción de Francis Fukuyama cuando dijo en 1989 que el “Fin de la Historia” había llegado, asumiendo que el capitalismo y las democracias liberales son la fase culminante del desarrollo y por tanto que el actual modelo sería el definitivo. La democracia liberal es presentada así como compañero de viaje perfecto, necesario e inevitable, hecho a medida del neo-liberalismo.

  Ante las alternativas que han surgido en momentos de crisis, la democracia liberal se presenta como el mal menor y dentro de ésta siempre se plantean una serie de opciones entre las que se puede elegir, como mucho, la menos mala, sin concebir alternativas. Ello lleva a la dicotomía en la cual, mucha gente sea consciente de la existencia de un problema, pero se vea a sí misma incapacitada para poder salir de la opción superficial que supone la vía institucional.

  Mientras tanto seguimos en un modelo irracional que nos empuja a una espiral de crisis cíclicas que nos hunden y que agudizan las problemáticas sociales paulatinamente. Dichas problemáticas se polarizan gradualmente hasta llegar a un momento en el que quienes sufren la opresión del sistema la sufren cada vez más.                                        

  Así, vemos una creciente proletarización de la mayoría de la población, a través de la cual, la mayor parte de la gente carece de control sobre sus propias vidas y ve cómo su acceso a bienes queda restringido y limitado en cada vez mayor medida, lo cual resulta incoherente en un contexto caracterizado por la sobre-producción mercantilista.
De forma simultánea, las clases altas que se benefician de dicha opresión y miseria, aumentan sin pausa su distancia social y económica respecto a dicha población desposeída.gente

  Sin embargo, opinamos que las crisis cíclicas que el sistema produce y a las que nos dirige inevitablemente, pueden ser vistas como una oportunidad para rebasarlo.

  Pensamos que debería profundizarse en una crítica que resalte las contradicciones y problemáticas del modelo y que nos permita confrontarlo en sus raíces y allí por donde se agrieta, antes de que tenga la oportunidad de fortalecerse de nuevo, alentando allá donde podamos, la aparición de contestación activa y de alternativas reales, fomentando así el potencial de transformación real que pueda haber, allá donde lo haya.

  Esto nos permitiría sacar partido del descontento generalizado con el sistema debido a la miseria cotidiana en que nos encontramos, mostrando que la vía institucional no da soluciones reales a los problemas planteados, mientras mucha gente se ha empezado a plantear qué ha fallado; ello puede dar lugar a que los análisis de cuestionamiento y las prácticas de transformación del sistema puedan salir de la superficialidad en que están inmersos, haciendo que la mayoría de movimientos sociales pasen a constituir una auténtica crítica radical que pongan en práctica sus alternativas.