Archivos mensuales: febrero 2016

“Descabezad@s”

Observamos en la mayor parte de los movimientos sociales una carencia de perspectiva global a largo plazo, debida al  desarrollo exclusivo de luchas concretas. Ello favorece su caída en una línea específica, aquella de la vía institucional, que se convierte en la única vía de articulación posible a sus demandas.

Existe igualmente la carencia de una perspectiva histórica respecto a los movimientos sociales. En el momento en que no se marcan fases ni objetivos resulta muy difícil para quienes formamos parte de estos, darnos cuenta de cuáles han sido los éxitos y las etapas superadas; por lo tanto generalmente se entra en círculos viciosos en que las actuaciones y los errores se repiten, provocando en muchos casos que colapsen y haya que empezar de cero en la reconstrucción de dichos movimientos.

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Entendemos que para dotar a dichas luchas concretas de una perspectiva de transformación real, éstas deben poseer una visión global y marcar su propio programa, para evitar caer en el reformismo de ir siempre a pedir sus demandas al Estado, haciendo con ello, que estas demandas bajen a un denominador común mínimo para que sea el Estado quien las asume.

Esta perspectiva revolucionaria global llevaría a los movimientos a ver la conexión entre las diferentes luchas, como podrían ser el desempleo, la lucha contra los desahucios o contra la reforma de la ley del aborto; es necesario ver que de la misma manera en que las diferentes opresiones se relacionan entre sí y suman, toda lucha contra estas opresiones suma al desgaste de los distintos sistemas de opresión.

Esto también puede servir para contrarrestar el hecho de que al institucionalizar las luchas, éstas se priorizan, lo que hace que dichos movimientos sociales, al llegar a las instituciones, dejen de lado algunas de ellas debido a los límites de actuación que esta vía conlleva.

Pensamos que hemos construído movimientos sociales desde un carácter contestatario (siempre al ritmo de las medidas que marcan los distintos Estados/gobiernos), haciendo que el ritmo lo marque el enemigo (manifestándonos o montando campañas ante determinadas leyes o ante medidas repreivas, por ejemplo) no siendo capaces de elaborar nuestro propio programa de actuación que nos permita desarrollar un calendario en base a nuestras necesidades y exigencias.Sin título

El hecho de que los movimientos sociales no tengan estrategias propias favorece que vengan controlados y determinados desde el exterior. Así, hemos visto cómo a lo largo del pasado año 2014, un grupo de profesores e intelectuales de Madrid ha decidido que todos los movimientos sociales deben ponerse al servicio de un “asalto” institucional, de un programa electoral, y lo  consiguieran en cierta medida. Sin que este asalto haya surgido como un proceso de debate dentro de los propios movimientos sociales, sino como algo impuesto por la intelectualidad.